Cuando tenía 17 años, suspendía y repetía curso, tras curso, mis padres se sentían avergonzados, angustiados ante mi supuesta incapacidad para sacarme el bachillerato. Sin embargo, un año me preparé una oposición, no solo conseguí aprobarla a la primera, sino que mi nota de entrada se encontraba entre los diez primeros. Imaginaros la cara de mis familiares directos, de nuevo cuando comenzaba el curso de formación de dicha oposición bajaba mi rendimiento, acabando mi graduación en los últimos puestos. A los cuatro años volví a repetir la hazaña ante el asombro de mis padres, que no daban crédito, después de años haciéndome creer que realmente era mal estudiante, (tal vez todavía mis padres lo piensen). Sin embargo después de aprobar mi tercera oposición, vino la cuarta, el Master, Universidad, y a mis 35 años aún me considero un joven universitario. Evidentemente me di cuenta que mi problema no fue mi falta de capacidad para estudiar, sino la falta de motivación que había en las escuelas para hacerlo. Donde aún se enseñaba desde un punto de vista industrial, mediante la repetición de ejercicios lineales y poco prácticos para los tiempos que corrían, posiblemente el currículum de las escuelas estaba aun basado en los contenidos, y planes de estudios rígidos.
Al cabo de los años me di cuenta de mi gran capacidad para desarrollarme en las actividades que amaba, como las motos. Solo pensaba en motos, en como la limpiaba, como competía en las carreras, como a través de mis esfuerzos con los estudios me compensaría comprándome una, cosa que finalmente sucedió. A los pocos años logre ganar algún campeonato territorial de enduro, los entrenamiento no estaban tan planificados y mucho menos se basaba en los resultados, y si, en el divertimiento que por aquel entonces compartía con mi primo Javi. Podía decir que aprendíamos mediante las emociones. Eso es lo que necesitamos, hoy en día, cambiar nuestra manera de pensar, debemos estar a la altura de los desafíos que nos muestra nuestro tiempo y para ello debemos ser creativos.
La acepción de currículum a cambiado con él paso de los años, pero aún debe cambiar más, una de las consideraciones de él currículum es la adaptación social, y es por ello, por lo que necesitamos una enseñanza más emocional, donde no importe tanto el resultado y si él camino, tenemos la necesidad de ayudar a los jóvenes a elegir lo que les gusta, lo que está en su dominio. Por ello el deber de las Escuelas es motivar a los alumnos.
Hay que ayudar a los niños, a conocer el mundo en el que se vive, debemos ayudarlos para que se conviertan en la mejor versión de sí mismo, y en este aspecto las escuelas de motociclismo fracasan.
Si como maestro o monitor me preguntan ¿Con que acepción de currículum se quedaría? Respondería con la menos aburrida.
Necesito ser creativo, emocionarme con lo que hago, ser empático y feliz. Todavía hay deportistas, directores de equipos y preparadores, que nos llaman obsesionados por los resultados y no por el camino, disipándose la magia del viaje, por ello hay niños que abandonan, porque no ven la pasión o han perdido el amor por lo que hacen y esa fijación por el destino final. que no les deja disfrutar del poder del ahora. Ignorando la alegría y personas que pasan por su lado.
Lejos quedan las listas propuestas de Franklin Bobbitt, y términos contextuales de otros autores, cuando todavía hay escuelas que tienen un modelo de enseñanza industrial, haciendo lo mismo una y otra vez, siendo un proceso estandarizado y lineal.
El mundo ha cambiado, hoy el motor son las ideas, necesitamos un aprendizaje social y emocional, que fomente la educación personalizada, potencie el desarrollo de cada niño, que estimule la creatividad, la pasión, la energía, el talento. Porque el futuro está lleno de nuevos retos y esto dependerá de lo variada, creativa y feliz que seamos, y para ser feliz necesitamos realizarnos y desarrollarnos, cultivar lo que nos motiva y hacer lo que nos haga sentirnos bien.
Es necesario retomar la concepción de currículum en el sentido más práctico para los tiempos que corren.
El deporte nos capacita, pero solo las grandes personas llegan a conocerse a sí mismos.
Fran Delfín.